El primer
obstáculo que un alumno tiene que enfrentarse a la hora de incursionar en un
ambiente científico o cualquier espacio curricular de los dados en un
establecimiento educativo es el propio lenguaje. La gran variedad de términos
que existen en estos ambientes los convierten casi en idiomas extranjero para
los alumnos, y más aún, por lo que el lenguaje científico especializado actúa
como una barrera lingüística para los estudiantes que inician sus estudios
científicos (LIDBURY; ZHANG, 2008).
Históricamente,
el estudio de una disciplina científica implica la asimilación de términos
propios (Crosland, 1988) por lo que seguramente, el lenguaje es la primer
barrera que todo alumno tiene que superar ya que el manejo de este (en forma
simbólica y las expresiones propias), es el primer paso para el entendimiento
del área. El profesor es el primer transmisor e intérprete de los alumnos del
lenguaje científico, como además, del conocimiento que éste intenta transmitir
(Egaborou, Osborne, 2010 y Garcia, San Martin, Izquierdo, 1999) ya que el
dominio del lenguaje de la ciencia es esencialmente indispensable en al proceso
de alfabetización científica (Wellington; Osborne, 2001).
En línea
general, es posible que un vocabulario especifico se enseñe de forma
incorrecta, lo que provoca que se aprenda en muchos casos de forma errónea
otorgando significados totalmente diferentes a iguales términos dependiendo de
la precedencia de la fuente. Por tanto, se hace inminente preguntarse qué
factores pueden propiciar este hecho. Pero, además, también se debe estudiar si
existen otros obstáculos lingüísticos asociados que pueden contribuir al
incorrecto entendimiento de los conceptos científicos. Ello nos permitirá
conocer qué tipo de barreras relacionadas con el lenguaje se deben superar. Hoy
en día, la afinidad que nuestros alumnos tienen con los medios de comunicación
masivos visuales, otorgan autoridades a personas o personajes en esquemas
científicos, o de cualquier índole, donde los conceptos erróneos llegan sin
barrera a los consumidores de dichos medios, penetrando en lo que se conoce
falacia lógica denominado “apelación a la falsa autoridad” o “falacia de la
autoridad”.
Es posible
que algunos de estos factores, si es que no son todos, dificulten una comunicación
efectiva en el aula y que puede originar errores de comprensión y de uso de
lenguaje a los alumnos:
a) Vocabulario sumamente específico.
b) Libros de texto de ciencias:
numerosos términos nuevos y tipos de textos empleados.
c) Obstáculos de redacción: problemas y
cuestiones conceptuales relacionados a la mecánica de la narración no familiar
empleado.
d) Desarrollo de capacidades de alta
demanda conceptual.
e) Escasas oportunidades que el alumno
tiene para argumentar científicamente un evento.
f) Gramática y sintaxis de los textos
especializados de ciencia.
g) Actitudes y formación del
profesorado.
h) Lenguaje simbólico y matemático
asociado al aprendizaje de las ciencias.
En general,
el carácter abstracto y la demanda conceptual de muchos términos, como en el
caso de la ciencia (eg. energía, entropía, fuerza, gen, célula), dificultan la
comprensión de los mismos por parte de los estudiantes. Además, muchas de las
dificultades que manifiestan los alumnos a la hora de comprender estos
vocabularios específicos tienen su origen en la diversidad de significados de
los términos utilizados traídos de la vida cotidiana.
Además,
existen problemas importantes de comprensión lectora originados, como ser:
a) problemas
léxicos debidos al desconocimiento de palabras nuevas que los estudiantes
encuentran;
b)
existencia de barreras sintácticas ante el enfrentamiento de un tipo de estilo
gramatical que no están acostumbrados a leer;
c)
incapacidad de discriminar lo accesorio de lo esencial, lo que se manifiesta,
entre otros casos, a la hora de encontrar la idea principal, así como en la
elaboración de un resumen del texto estudiado (Campanario, 2001; Mazzitelli;
Maturano; Macías, 2013);
d)
deficiente capacidad de entender el lenguaje de la ciencia limita la capacidad
de los estudiantes a la hora de resolver problemas (Beek; Louters, 1991).
Como
consecuencia de lo anterior, podemos decir que si a los alumnos se les
dificulta el entendimiento de lo expuesto, su rendimiento se va a ver
perjudicado. Si los alumnos entienden el significado de los términos que encuentran
en cuestiones de tipo conceptual, están en mejor disposición para resolver las
mismas con éxito (Itza-Ortiz et al., 2003). Sin embargo, se trata de una
condición necesaria pero no suficiente. Más que conocer las definiciones de los
distintos términos, lo que resultada decisivo a la hora del éxito en la
resolución de estas cuestiones es la capacidad de establecer relaciones entre
los distintos conceptos (Sumfleth, 1988).
De todas
formas, la enseñanza tradicional traída por la propia historia de los
profesores, no propicia estas competencias ya que suele estar basada en la
presentación de una serie de hechos, definiciones, procedimientos prácticos
cerrados y algoritmos de cálculo en ejercicios, que los alumnos deben
memorizar. Estos planteamientos, aunque
me pesen, provocan que exista un buen número de cuestiones de bajo nivel
cognitivo, ya que únicamente pretenden la memorización de hechos, produciendo,
en consecuencia, un aprendizaje superficial. La presencia de una gran cantidad
de actividades de aplicación en la que los alumnos deben seguir unas pautas
preestablecidas (Dávila; Talanquer, 2010) tampoco fomenta la capacidad de
analizar, evaluar y resolver problemas. Y para hacer más enriquecedor todo
ésto, el profesor suele acaparar la mayor parte del tiempo de la clase, dejando
poco espacio para las preguntas e intervenciones de los alumnos interfiriendo
con el desarrollo de la capacidad de argumentación como práctica de la
utilización del lenguaje científico.
Por último,
quiero agregar un apartado propio de esta problemática muy bien plasmado conceptualizado
como el conflicto cognitivo propuesto por Piaget que dice “El
hecho de que un mismo sujeto pueda disponer, sin dificultad, de sistemas
heterogéneos de interpretación del mundo, a veces lógicamente contradictorios
entre sí, pero gracias a los cuales puede dar cuenta de situaciones y de
experiencias diferentes. Cuando dichas explicaciones "locales" entran
en conflicto, ello puede conducir a una regresión hacia uno de los términos, al
"olvido" de un componente, o a una superación positiva de la
oposición”
Como
conclusión, creo que conviene partir de modelos simples, que tengan en cuenta
unos pocos fenómenos. Los conceptos estructurantes básicos de los cuales
convendría partir estarían involucrados en la comprensión del entorno
científico señalado. En una segunda etapa se podría atender a fenómenos que
complejicen los modelos iniciales. Los modelos erróneos identificados como
obstáculos en este trabajo dificultan la construcción por parte de los
estudiantes de teorías científicas. La identificación y la caracterización de
estos obstáculos constituyen el primer paso para el diseño de estrategias
didácticas tendientes a superarlos y que permitan un acercamiento progresivo de
los modelos de los estudiantes a los modelos científicamente aceptados.
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